Tiro los anteojos, ni me gasto en poner pausa a lo que estoy mirando. Corro a la ventana, miro a la calle. No hay nadie. Pero el perfume llega igual. ¿Cómo? Es un primer piso, es imposible que sea tan persistente. Pero llega. ¿Cómo pude creer que mi sueño se había hecho realidad? Que ilusa.
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