Leer las entradas viejas de mis blogs implica ponerme a escuchar las canciones que alguna vez publiqué, volver a llorar las mismas lágrimas que alguna vez lloré, y reírme de mi misma, porque no puedo creer lo tonta que fui algunas veces.
Tampoco puedo creer lo tonta que sigo siendo, cuando estoy acá y tengo cosas que debería estar haciendo, que voy a tener que hacer, y que van a lograr que no duerma ni dos horas... pero bueno, no todo es perfecto.
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